PREMIO A LA VOLUNTAD
El Alicante pasó ayer del debacle al optimismo en el último suspiro del encuentro que le enfrentó al Girona. Con el marcador adverso, fruto una vez más de un error en una jugada a balón parado, los celestes aprovecharon una acción parecida, para, con algo de fortuna, acabar empatando el duelo lo que le permite seguir en la lucha por lograr la permanencia.
Martínez Franco, colegiado murciano que dirigió la contienda, cobró un libre indirecto a favor de los locales cuando los cuatro minutos que dio de prolongación morían.
Tito plantó el balón. Al lado de éste, Catalá y Torrecilla secundaban al capitán. Catalá optó por correr hacia un lado; mientras que Tito tocó en corto hacia Torrecilla. No se lo pensó. No había tiempo para ello. Lanzó un derechazo que, por fortuna, tropezó en el cuerpo de Xumi, que engañó a su propio portero. Era el 1-1. Fue sacar del centro el cuadro gerundense, y acabarse el choque. Fue un premio al creer, y por fin, una chispa de suerte.
Todo sea dicho, el Alicante no mereció perder ese encuentro. Es más, incluso pudo haberlo ganado, pero una vez más el equipo evidenció una alarmante falta de pegada en los metros finales; mientras que el Girona aprovechó su única ocasión para anotar su tanto, y de nuevo, a balón parado.
Los celestes saltaron al terreno de juego enchufados. Los primeros 20 minutos fueron de acoso y derribo al rival, que se defendía como podía, aunque sin renunciar a buscar a sus dos hombres más adelantados: Jito y Manga, éste último, y junto al meta Ponzo, el mejor de su equipo.
En esos primeros 20 minutos, el cuadro de José Carlos Granero gozó de hasta cuatro claras ocasiones de gol por parte de Peragón, en dos ocasiones, de Ricardo Cavas y de Pedro. En casi todas apareció la figura de Ponzo, el guardameta del Girona.
No obstante, en el minuto 33, el canterano Pedro volvió a poner a prueba a Ponzo, tras un pase de Germán de cabeza.
El Alicante, sin realizar un gran fútbol (hay que tener en cuenta que se citaban el peor local y el conjunto con menos victorias a domicilio), tenía controlado el tiempo del partido, desbordando una y otra vez por las bandas por mediación de Capi e Ismael; aunque poco a poco se diluyó.
Y llegó la jugada del gol visitante. Manga botó un libre indirecto. La defensa se quedó parada, y el central Serra, totalmente solo, y de magnífico testarazo, logró batir a Jesús Unanua. Primera aproximación, y nuevo contratiempo.
El tanto hizo daño a los locales, que comenzaron a abusar del fútbol directo en busca de Peragón y Pedro, quizás, los dos delanteros más bajitos de la categoría.
El Alicante entró en una fase de nada, y sobre todo, de muchas dudas en la zaga. Cada vez que el Girona se acercaba a los dominios alicantinistas a la afición se le ponía un nudo en la garganta.
Reanudación
Tras el paso por los vestuarios, el Alicante volvería a encontrar su identidad. Rafa Jordá sustituía a Peragón, y regresaba a los terrenos de juego dos meses después.
Pero quizá, el equipo no entendió el mensaje de su técnico. Se pasó de entrar por las bandas a colgar balones una y otra vez buscando a Jordá. Granero se dio cuenta y movió ficha. Quitó del terreno de juego a Ismael y a Capi, y dio entrada a Francisco y Luis Gil.
Sobre todo éste último sí que volvió a tomar su banda, y fruto de sus centros, el Alicante se acercó con peligro al marco visitante.
Dos ocasiones claras para los pupilos de José Carlos Granero fueron el preámbulo del premio que lograría el equipo.
El Girona no supo enfriar el encuentro. Presionaba las salidas de los celestes en vez de cerrarse y mandar pelotazos buscando a Igor. Cuando todo estaba perdido apareció la diosa Fortuna. Torrecilla enganchó un derechazo que dio en el visitante Xumi y acabó en la red del Girona. Premio menor, pero premio al fin y al cabo. Y la permanencia, a ocho puntos.
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